
New America Media
Chula Vista, California
La familia de Aída Lugo se ha reunido en su casa de Chula Vista,
un suburbio de San Diego. Un flujo constante de tíos, tías,
sobrinos, primos, nietos – algunos con sus propios hijos – entran,
todos con un platillo de comida con el que contribuir a la cena de la noche.
Antes de la cena, Aída, de 74 años, se sienta en el sofá de
la sala, flanqueada por su nieta Lisa y la esposa de Lisa, Melissa, y hojean
los álbumes de fotos de Aída. Jeanette, la mamá de Lisa,
llega tarde y se une a las mujeres, sentándose en el centro al lado
de su hija.
Generaciones de la familia de Aída están retratadas en las
fotos. Aída recuerda los nombres y las caras, y se ríe a carcajadas
cuando saca una copia en sepia de su primer novio.
El retrato es de un niño disfrazado con una guitarra. Su nombre es
Gastón, dice.
“Cuidado, Gastón”, bromea Melissa.
Esta sensación de tranquilidad e intimidad no siempre existía.
Después de la muerte de su padre y su ‘salida del closet’ como
lesbiana, Lisa se distanció de su familia y se fue a vivir a otra
ciudad para asistir a la universidad. Allí conoció a su compañera
sentimental, Melissa. Cuando las dos se casaron, querían curar rupturas,
unir a seres queridos y afirmar su compromiso con la familia y la tradición.
El padre de Lisa, Ronald, falleció cuando ella estaba en secundaria.
Un año más tarde, Lisa le dijo a su madre que era gay.
“Fue un momento difícil. Aquel año fue un año
difícil”, dice Jeanette. Poco después, Lisa se fue a
vivir a la costa este de EEUU para asistir a la Universidad de Brown.
“Estabas un poco enojada. Pensábamos que era porque había
fallecido tu papá, por eso te querías ir tan lejos [a estudiar],” dice
Aída.
En la universidad, Lisa conoció y se enamoró de Melissa Rodríguez,
también una estudiante en la universidad. Después de graduarse,
Lisa estudió derecho, y después de un tiempo puso en marcha
un bufete en Salinas, California, su pueblo natal. En su bufete, Lisa representa
a campesinos de diferentes orientaciones sexuales, lesbianas, gays, bisexuales
y trasgéneros, que cada vez más son los blancos de la discriminación
y la violencia en el lugar de trabajo.
“Conocí a Melissa por primera vez en Providence, en la graduación
de Lisa”, dice Jeanette.
“Con el tiempo me he ido sintiendo más cómoda con (nuestra
relación). Siempre lo que quiero es que Lisa esté contenta,
pero lleva tiempo acostumbrarse. …¿Qué importa? Es la
persona lo que cuenta. Melissa me cae muy bien”.
La ceremonia tuvo lugar en junio de 2006 en el recinto de dos acres de la
casa de Jeanette, donde vive ahora la pareja. Melissa llevó un vestido
largo hasta el suelo, de satén verde salvia, y Lisa un traje de pantalón
blanco.
“Lo hablamos y decidimos que queríamos que la familia y la comunidad
tomara parte en la ceremonia”, dice Lisa.
“Uno tiene que ir a un funeral para oír a la gente hablar de
forma tan honesta y personal,” dice su tía abuela Yolanda. “Oímos
cuánto les quería la gente a las dos y lo alegres que estaban
por ustedes. …La gente cantó, bailó y habló desde
el corazón. Fue una hermosa experiencia”,
Michelle, maestra de escuela pública, dice que la ceremonia ayudó a
algunos miembros de la familia a entender su decisión para casarse.
“Hay una falta de conexión, porque no se imaginan que hacemos
las mismas cosas, pero sí las hacemos…como salir juntas, enamorarse.
Ver la ceremonia ayudó [a la familia] a hacer la conexión.
Lo llamamos nuestro anuncio de servicio al público,” dice Michelle.
Aída viene de una familia grande de 11 hermanos, y dice que eso la
ha ayudado a ser más tolerante.
“Incluso si no estamos de acuerdo, nunca nos dejamos de hablar”,
dice. “Nos peleamos, pero no nos dejamos de hablar. Eso viene de tener
una familia grande".
Nacida en Sonora, México. La familia de Aída inmigró a
los Estados Unidos en 1945 y al final se asentaron en la zona de San Diego.
Su padre trabajó como constructor de barcos para NASCO, y poco a poco
ahorró suficiente dinero para comprar una casa y luego una más
grande.
Aída dice que sus siete hermanos sirvieron en el ejército,
durante las guerras de Corea y Vietnam. El esposo de Aída también
combatió en Vietnam. Cuando regresaron a casa, fueron a la universidad
gracias al G.I. Bill.
Un hermano fue a Harvard con una beca, estudió derecho y recientemente
se jubiló de juez. Otro hermano también es juez, mientras que
un tercero todavía ejerce la abogacía. Una hermana se ha jubilado
después de 32 años como administradora en la Universidad de
California.
Aída fue ama de casa y crió a su familia, incluyendo a su hija
Jeanette, la mamá de Lisa. Jeanette ejerce como médica de familia
en una clínica comunitaria de Salinas. Cómo médica,
ha tratado a campesinos y sus familias, y principalmente trata a familias
inmigrantes ahora. Lisa y Melissa viven en su casa en Salinas.
Cada año, 200 a 300 del clan de Aída – ya vivan cerca
o lejos – viajan a Palm Springs, donde la familia celebra una reunión
anual, que incluye una ceremonia de premios “familiares” y presentación
de talentos.
En la última reunión familiar, la familia presentó a
Lisa con el premio de “logro más sobresaliente”. “Ése
se da a la persona de la familia que tiene éxito general en todas
las categorías,” dice Yolanda.
El año que viene marca la cumbre familiar número 50.
En la última reunión, dice Lisa que se añadió un
espacio para el nombre de Melissa en el árbol genealógico – un
gesto que las conmovió a las dos.
“Estamos añadiendo otra rama,” dice Lisa. “La familia
crece y esto es simplemente parte de la familia,” dice ella.
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Aída Lugo, su nieta Lisa y Melissa en una
reunión familiar.
(Foto: New America Media).