Cuba-EE.UU: ¿Podemos Ser Optimistas?


La decisión de Obama sobre Cuba ha provocado numerosas críticas...


Cuba-EE.UU: ¿Podemos Ser Optimistas?

ROBERTO ALVAREZ QUIÑONES

Me parece que es lógico el optimismo que ha despertado, sobre todo fuera de Cuba, el anunciado restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Washington y La Habana. Lo que pasa es que en todo esto hay un gran malentendido: la lógica es sólo aplicable a países lógicos, normales, y Cuba no lo es.

No es normal, por ejemplo, que una nación esté gobernada por un par de hermanos durante 56 años consecutivos (sin que ningún gobierno o institución internacional los califique de dictadores, o que ellos sean invitados a cuanto cónclave democrático se celebra en el planeta).

Tampoco es normal que la autocracia dinástica que somete a Cuba considere una “traición a la revolución” ceder un ápice en el control absoluto que tiene de la vida cotidiana privada de cada uno de los 11.2 millones de habitantes de la nación.

Con la ínsula tropical tampoco funciona el bíblico “beso de Judas” como el que le ha dado Barack Obama a Raúl Castro. Resulta inútil acercarse al dictador y mimarlo para “contagiarlo” de democracia y de buena voluntad para que facilite la restauración de las libertades ciudadanas elementales cercenadas hace 56 años. No lo hará, y punto.

Es importante recordar, además, que la “perestroika” soviética la puso en marcha Mijail Gorbachov y no Leonid Brezhnev, o Konstantin Chernenko. Las reformas capitalistas en China las inició Deng Xiaoping y no Mao Tse Tung; El “Doi Moi” (reformas) en Vietnam lo lanzó una nueva generación de líderes más pragmáticos. Y la transición a la democracia en España fue posible luego de la muerte del Caudillo.

En la historia de América Latina ningún dictador militar ha realizado reformas democráticas o ha renunciado al poder sin antes haber recibido una abrumadora presión interna e internacional para llevarlas a cabo.

¿Por qué entonces creer que los Castro y su junta militar lo harán, si lejos de ser presionados son aceptados y legitimados por el mundo entero, incluido ahora el gobierno de Estados Unidos?

Lo que quieren es ‘cash’

Otro gran malentendido que creo se debe aclarar es que al régimen cubano en realidad no le interesa tener lazos diplomáticos con EE.UU. Lo que sí quiere, y desesperadamente, es el “cash” proveniente de una posible invasión masiva de turistas estadounidenses; que los militares a cargo de la economía, y toda la nomenklatura comunista (y no los cuentapropistas), se beneficien de inversiones provenientes de EE.UU. Y sobre todo quiere tener acceso a créditos internacionales.

Pero nada de eso depende de la voluntad del Presidente estadounidense, sino del Congreso, que ahora con mayoría republicana en ambas cámaras no va a derogar el embargo, al menos en los dos años que le restan a Obama en la Casa Blanca.

¿Qué beneficios recibirán entonces los cubanos de a pie con este anunciado “deshielo”? Los habrá, pero no de fondo. Yo diría que es ya ganancia neta que por pura diplomacia la dictadura ya no convoque “marchas del pueblo combatiente” o manifestaciones de protestas frente a lo que ahora será la embajada oficial de Estados Unidos. La razón de ser de las Milicias de Tropas Territoriales (MTT) quedará en el Limbo. ¿Seguirán obligando a cientos de miles de personas, incluyendo ancianos, a realizar ridículos ejercicios militares para enfrentar con palos y fusiles viejos una “invasión yanqui”?

Alivio psicológico

De manera general, las relaciones con EE.UU. constituirán un alivio psicológico nacional. Los ciudadanos ya no tendrán que insultar de oficio al gobierno estadounidense y disminuirá el temor a relacionarse con cubanos residentes en EE.UU, o con estadounidenses. Se supone que habrá menos miedo a ser acusado de ser “mercenarios del imperio”, etc. El correo entre ambos países podría normalizarse. Y habrá cierto relajamiento en la propaganda antiestadounidense de los medios cubanos, todos en manos del Partido Comunista.

Pero tales beneficios no llevarán más comida a la mesa, ni más artículos de consumo, ni cambiarán mucho la vida diaria de las familias cubanas, carentes de todas las libertades que hay en cualquier país normal de Occidente.

Sin duda el saldo principal aquí es la legitimización por parte de Washington del régimen castrista, sin haber dado éste nada sustancial a cambio. Tal y “como lo soñó Fidel”, es esta la más importante victoria política de los Castro en medio siglo.

Pero a la cúpula dictatorial le trae también ciertos inconvenientes. Aun con el embargo comercial y financiero vigente, el régimen tendrá que ser más creativo para mantener viva la consigna de Patria o Muerte, resucitada –no por casualidad-- por el general Castro en la Asamblea Nacional el 20 de diciembre pasado.

Se deberá moderar al menos el discurso tradicional antiestadounidense al estilo de “Fidel, seguro, a los yanquis dales duro”, utilizado durante casi seis décadas para movilizar y enervar a las multitudes, y modelar el nuevo “enemigo” (los Castro sin un enemigo ficticio se quedan sin discurso político, como le pasaba a Mussolini). El remozado ogro llevará igualmente el apellido imperialista, pero ahora sin mencionar el santo por su nombre (yanqui) para no tocar diplomáticamente a la Casa Blanca.

El Congreso, nuevo ‘enemigo’

Claro, eso no significará que los ataques cesarán. Habrá diatribas contra el Congreso de mayoría republicana por mantener el “criminal bloqueo”, continuarán los insultos contra la los congresistas cubanoamericanos y la “mafia de Miami”. Lloverán las denuncias de conspiraciones “contrarrevolucionarias” fraguadas en territorio estadounidense, cada vez que alguien critique la represión política y la violación de los derechos humanos en la isla.

Ya lo dijo el dictador ante el único parlamento del mundo en el que nunca ha habido un solo voto en contra de una propuesta del gobierno, en diciembre pasado: “De la misma forma que nunca nos hemos propuesto que los Estados Unidos cambie su sistema político, exigiremos respeto al nuestro". O sea, Castro pidió respeto para su régimen represivo y puso el parche antes de que salga el grano del respeto a los derechos humanos, la democracia, la libertad de expresión y otros temas “occidentales” en las negociaciones que iniciará en La Habana la subsecretaria de Estado, Roberta Jacobson. Estas conversaciones, por cierto, serán harto difíciles, pues la dictadura cubana está (mal) acostumbrada a recibir sin dar nada a cambio, o muy poco.

Se ha sabido que fueron cubanoamericanos con acceso a la Casa Blanca (Cubanow, Cuban Americans for Engagement, Raíces de Esperanza,  y otros grupos izquierdistas), los que luego de consultar con La Habana “vendieron” a Obama la idea de restablecer relaciones diplomáticas con Cuba. El régimen castrista aceptó porque aunque lo que quiere es dinero y no diplomacia sabe que si hay relaciones normales entre Cuba y EE.UU la presión sobre el Congreso para que deje sin efecto el embargo será mayor que nunca antes, con el apoyo incluso de algunos congresistas republicanos cuyos nombres ya se conocen. Pero ocurre que mientras Obama ocupe la Oficina Oval presidencial es difícil que eso ocurra.

A su vez, la gerontocracia de la Sierra Maestra recibirá también presiones nunca antes conocidas, de la gente y también del segmento de la nomenklatura más pragmático para que se den más pasos firmes para para adoptar un modelo de capitalismo de Estado más parecido al vietnamita que al chino, al que la cúpula militar cubana considera más “capitalista” y radical.

Ciertamente cuesta trabajo imaginarse a Raúl, a Machado Ventura, o a Ramiro Valdés, diciéndoles a los empobrecidos cubanos que “enriquecerse es glorioso”, la sorprendente consigna anti-maoísta con la que Xiaoping lanzó las reformas de mercado en el coloso asiático.

Confieso que yo también quisiera ser optimista. Sería fenomenal que la normalización de las relaciones entre Cuba y EE.UU marcasen el inicio, al fin, de una nueva era promisoria para los cubanos. Pero dada la naturaleza del castrismo, francamente no le veo a dicho optimismo mucho asidero que digamos. Y menos con los Castro a cargo de la isla. Eso sí, me gustaría estar equivocado.

(Alvarez Quiñones es periodista y escritor radicado en el sur de California. Durante más de tres décadas ha seguido el curso de la economía mundial. Es experto en temas latinoamericanos con énfasis en Cuba).

Más sobre Cuba y los Cubanos

Para compartir este artículo:



Café Impresso - El Valor de la Palabra en la Nueva Era de la Comunicación Social

Quiénes Leen Más, Dónde se Lee Menos, Quién Entiende Mejor lo que Lee

Tecnología - Redes Sociales, Teléfonos Inteligentes, Internet

EE.UU.: Los Hispanos Abrazan la Tecnología Digital

El Legado Hispano en Estados Unidos

Latinos en el Cine y la TV de Hollywood

Música, Cine, Festivales, Eventos Especiales

Más de $60 Mil Millones en Remesas para América Latina

Para enviar un mensaje a ContactoMagazine.com

Más sobre los Latinos en Estados Unidos

 


Portada de ContactoMagazine.com


© Contacto Magazine

Todos los Derechos Reservados. Prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos periodísticos de Contacto Magazine en medios impresos, radio y televisión, libros, sitios web de Internet, CDs, DVDs y otros medios de comunicación masiva. Los interesados en recibir una licencia de reproducción del contenido de Contacto Magazine, pueden enviar una solicitud al editor.


América-Mundo, Inmigración, Arte y Cultura, Espectáculos, Ciencia y Salud, Latinos en EE.UU. México, Cuba, Tecnología, Un Poco de Humor, Fiesta Latina, Comida Latina, Café Impresso, Portada










Ciberguerras

Alerta ante el Peligro de las Ciberguerras

La informática se está convirtiendo poco a poco en un arma peligrosa, y las guerras del futuro ya se están librando a ciertos niveles en el espacio cibernético. El secretario de Defensa de EE.UU., Chuck Hagel, informó que el Pentágono está dándole una importancia significativa a su unidad de ciberguerras con el propósito de frenar cualquier ataque extranjero contra sus redes e infraestructura.

Muchos se preguntan si se puede predecir un terremoto.

¿Se Puede Predecir un Terremoto?

Desde hace años los californianos esperan un devastador terremoto de más de ocho grados en la escala de Richter, que ha sido bautizado antes de llegar con el nombre de "El Grande" (The Big One). Muchos creen que cuando ello ocurra, California podría quedar dividida en dos, con la región que corre sobre las costas del Pacífico posiblemente convertida en una isla. ¿Exageración?

Sector financiero de Nueva York.

¿Un Sustituto para Estados Unidos?

• Un Estudio de Inteligencia Militar Señala que la Economía de China Superará a la de EE.UU. antes de 2030.

• Si Bien el Poder Económico, Tecnológico y Militar de Washington es Asombroso, su Enorme Deuda Pone los Pelos de Punta.

• Analistas de Ideas Contrarias como Carlos A. Montaner, Noam Chomsky y Roberto Alvarez Quiñones No Ven un Competidor para EE.UU.

Las dantescas imágenes del derrumbe de las torres gemelas del World Trade Center de Nueva York en 2001, las apocalípticas escenas de las guerras de Irak y Afganistán y el estallido de la crisis financiera de 2008 que profundizó el camino hacia la Gran Recesión, así como el impresionante crecimiento económico de China y la enorme deuda pública de Washington son, para muchos, pruebas irrefutables de que Estados Unidos no podrá ser por mucho tiempo más la potencia hegemónica más próspera y poderosa que haya conocido la historia de la humanidad. ¿Será cierto? Y si lo es, ¿qué otro país podría ocupar esa privilegiada posición?

El Congreso de EE.UU. en pleno...

Reforma Migratoria: ¿Por Qué en el 86 Sí?

Durante una larga etapa, el Congreso de Estados Unidos, organizaciones comunitarias, líderes políticos y religiosos, amigos y enemigos, han sido protagonistas de un intenso debate acerca de la posibilidad de cambiar las leyes de inmigración, ante la presencia innegable de 11 millones de extranjeros sin documentos migratorios. En 1986 se aprobó una reforma a las leyes vigentes que permitió la legalización de unos tres millones de inmigrantes indocumentados. En la última década, repetir aquel proceso con éxito, ha sido poco menos que imposible. ¿Por qué aquella vez sí se pudo y ahora el mismo propósito se mantiene en el limbo?