Diálogo con el escritor Manuel Gayol Mecías, autor de Crónicas Marjianas
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El escritor cubano Manuel Gayol Mecías.

El escritor cubano Manuel Gayol Mecías, autor de Crónicas Marjianas.

Diálogo con el escritor Manuel Gayol Mecías, autor de Crónicas Marjianas

JESUS HERNANDEZ CUELLAR

La era digital ha provocado una verdadera revolución en muchas actividades humanas, y la literatura no ha sido la excepción. El destacado escritor cubano Manuel Gayol Mecías la ha aprovechado a fondo para publicar su ambicioso proyecto literario Crónicas Marjianas, una serie de novelas con un enorme vuelo poético y un auténtico festival de palabras que emplea magistralmente para narrar la realidad de su país a través de un personaje muy singular, Marja, una prostituta habanera. Este año 2014, Gayol Mecías está presentando su más reciente entrega, Marja y el ojo del Hacedor, en la costa oeste de Estados Unidos, en una edición de Neo Club Press. Durante más de tres décadas este escritor militante, que milita solamente en las filas de la literatura, ha estado inmerso en el mundo de las letras como un monje dedicado a su Dios. Es un maestro de la narrativa, y un estudioso de la conducta de los seres humanos. Marja es su experimento más reciente en ese sentido.


ContactoMagazine.com sostuvo un diálogo con Gayol Mecías sobre esta obra literaria, los desafíos que afrontan los escritores latinoamericanos en Estados Unidos, la importancia de la libertad de expresión, el uso del lenguaje en los medios de comunicación en español en territorio estadounidense, y las contribuciones de la era digital a la literatura y el periodismo. Estas fueron sus respuestas:

JHC.- Marja y el ojo del Hacedor es parte de tu serie Crónicas Marjianas. ¿Qué te propones con esta obra más reciente y qué aporta esta al contexto de la serie?

MGM.- Lo que me he propuesto con esta novela es lo que me propongo con todos los libros que he escrito y con los que escribiré, y con alguna buena suerte publicaré: hacer literatura, amigo mío, que es como rehacer la vida de uno. Es re-crear una dimensión y participar de ella, como narrador, como protagonista o como simple espectador. El sentido literario, y más que ello, la creación literaria es el desdoblamiento de la naturaleza humana potenciado por la imaginación, y la imaginación es el poder total.

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Realmente, cuando creas algo no es porque te propusiste enviar algún mensaje y quieras decirle o echarle en cara, en mi caso, al Gobierno cubano —hablando del tema de mi novela Marja y el ojo del Hacedor que nos ocupa— que hay corrupción, enajenación, fealdad, tristeza; que ellos, los de la nomenklatura, se portan mal con el pueblo; que conforman una dictadura de más de 54 años; en fin, todas estas cosas que se saben machaconamente desde hace muchísimo tiempo. Bien, esto sale porque es la realidad genuina de la isla.

Pero cuando tú te empiezas a imaginar una historia, creo yo que tienes que dejarte arrastrar por esa historia, dejar que los personajes tengan su propia vida, sus decisiones; dejar que te envuelva la atmósfera de esa historia y la sientas; que te sientas, repito, caminando por esas calles de La Habana; sentir los olores nauseabundos de la Habana Vieja; palpar la miseria de sus ruinas y hasta padecer el miedo de la indefensión… Eso es lo que yo pienso que me propuse: vivir esa historia.

De esta manera sentir que esa historia de Marja y del espíritu que la transcribe es totalmente verosímil; que hay sufrimiento, sexo, horror, música y sueños. Si el lector siente estas cosas, ya no le tiene que interesar ningún mensaje, puesto que está sintiendo lo que yo creé. Si eso se logra, el hecho de sentir, quiero decir, ahí entonces se encuentra mi satisfacción…

Por otra parte, lo que aporta esta novela al conjunto de la serie, aún no lo he valorado, pero sí te digo, Jesús, que la novela la empecé con un fuerte deseo creativo, porque en ella pude tener la oportunidad de crear nuevos personajes, de perfilar algunos, de imaginar enlaces ocultos con los otros dos libros anteriores. Pienso que si realmente llegara a ser una buena novela (ojalá que así sea, porque me lo propuse con mucha fe), entonces este libro sería uno de los eslabones de la serie que pudiera convertirse en una especie de nave nodriza; una supuesta nave-centro alrededor de la cual girarían los dos libros anteriores y quizás los otros dos próximos libros (el cuarto, que sería de cuentos de nuevo, y el quinto, otra novela), que están por terminarse y ajustarse.

JHC.- Últimamente has estado publicando un libro tras otro, lo cual no quiere decir que sea una tarea fácil. ¿Cuáles son los principales desafíos de un escritor latinoamericano que vive, como tú, en Estados Unidos?

MGM.- Efectivamente, no es nada fácil. Cualquier creación no es nada fácil de hacer. Pero tuve la suerte de que en Cuba, después que me fui de la Casa de las Américas en 1989, pude escribir mucho, ya que mi nuevo trabajo vino a ser en la Casa de la Cultura de Plaza y me facilitó el tiempo que necesitaba. Fueron cinco años que los aproveché al máximo, y engaveté muchos libros, porque ya mi propósito era irme de ese país de una forma u otra y sacarlos. Cuando al fin pude salir, en mayo de 1994, con un permiso (te imaginas, amigo, un permiso que me tuvo que dar el trabajo donde estaba, la dirección provincial a la que pertenecía mi trabajo de especialista literario, el Ministerio de Cultura y, por último, el Ministerio del Interior, y todo para viajar a España en unas vacaciones, que si me pasaba del mes autorizado, y quería volver en algún otro mes, tenía entonces que pagarle a la embajada Cubana en Madrid 150 dólares por esa prórroga, ¿se lo imaginará así el lector que no sea cubano?).

Un piloto de Iberia me ayudó muchísimo (extraordinario tipo, como sacado de la mejor novela de aventuras), pues era amigo de mis parientes españoles y cuando volaba a Cuba iba a ver a mi familia en La Habana. Allá, en mi casa, yo le daba los libros de mi pequeña biblioteca y, principalmente, manuscritos; o si no a veces se los llevaba al hotel donde se hospedaba; y él, por supuesto, lo cargaba todo como si fuera su equipaje. Claro, a él no le podían revisar en el aeropuerto, y así cuando llegaba a Madrid, desde allí, ese entrañable amigo piloto mandaba todas mis cosas para casa de mi familia en Castropol… Cuando yo pude llegar a donde mis tíos, ya tenía cinco cajas en el ático de la casa esperando por mí… Hay una novela que tengo terminada de mi tiempo en Asturias que se la dedico a él y a mi familia española.

Después tuve que trabajar bien duro, bueno como todo migrante, y no pude hacer la literatura como la hacía en Cuba. Pero, ¡caramba!, sentía una libertad increíble. Tuve que esperar buen tiempo, años, para ordenar mis papeles, y también pude siempre escribir nuevas cosas. Recuerdo que a veces escribía fragmentos de poemas, o párrafos de alguna narración mientras me encontraba solo en el almacén del taller de autos en el que trabajaba, propiedad de mi primo Domingo (otro tipo formidable, alguien a quien le debo en mucho mi salida de Cuba y mi libertad).

Pero lo que he estado haciendo mayormente hasta ahora es metiendo mis obras en la computadora, terminando y ajustando relatos, novelas, poemas, crítica, ensayos, revisando y puliendo y, de pronto, hace tres años, me encontré con que tenía que empezar a publicar lo que ya tenía, y es lo que vengo haciendo asimismo desde 2011, cuando publiqué La noche del Gran Godo, el libro de cuentos que había ganado el premio nacional de la UNEAC en 1992, y que nunca me lo publicaron porque me quedé en España y algunas de las entrevistas que me hicieron les llegó a los jerarcas de esa institución… Pero bueno, también aquí va mi enorme agradecimiento a dos editoriales que son las que trabajan mis libros en Miami, Neo Club Ediciones y Alexandria Library, y por las cuales empecé a publicar en Estados Unidos.

JHC.- Tú eres cubano, y me has contado de las vicisitudes de un escritor en Cuba, especialmente por la ausencia de libertad de expresión. ¿Cuán importante es esa libertad para un escritor? ¿Hay alguna esperanza de que eso cambie en Cuba próximamente?

MGM.- Podría parecer una perogrullada, pero es muy bueno insistir en ello: la libertad de expresión lo es todo para un escritor y, en general, la Libertad (con mayúscula, sí). Un escritor, aunque esté simplemente condicionado: por deudas que pagar, favores, o por adulaciones, no es más que una inmundicia. Puede escribir a favor de una dictadura quien pertenece a esa dictadura (y tal vez se pueda entender), pero el que lo hace por censura, y peor por autocensura, no tiene justificación.

Es mejor guardar los papeles en la gaveta. Es verdad que las vicisitudes son muchas, pero los tiempos van cambiando, y empeorando cada vez más para los escritores oficialistas en Cuba. El escritor que hoy en día haga sus apariencias escribiendo, haciéndose el crítico pero sin meterse con el simio mayor y dejando a un lado a la recua de monos históricos que rodean al Sempiterno no está demostrando sino que es un oportunista.

Es preferible, es más honorable, digamos, que el escritor se vaya del país a que se quede y tenga que escribir autocensurándose, o permitir que lo censuren totalmente. El que se queda adentro, entonces tiene que saber autocongelarse, o escribir y arriesgarse a sacar los papeles al extranjero. Eso lo hacen muchos hoy en día en Cuba, y son valientes, ganan en prestigio. El asunto es que lo que escribas dentro de la isla si quieres pasar inadvertido, tienen que ser temáticas alejadas de cualquier índole política.

En fin, esto es un tema de muchas aristas, pero estoy tratando de decirte lo que pienso de la manera más sintética… En Cuba eso cambiará el día que los Castro y su familia desaparezcan y se puedan hacer una verdadera realidad democrática.

Pero eso parece más ya una utopía, algo muy alejado de la realidad. Porque tendrán que venir nuevas generaciones para que haya una verdadera esperanza de cambios reales, objetivos, si es que no seguimos entonces en otro tipo de república bananera, u otro tipo de dictadura, más cuando en la actualidad la OEA y la ONU son dos desvergüenzas que compiten entre ellas, para ver cuál es más inhumana, inútil y ridícula.

El escritor en Cuba tiene dos opciones: o arriesga su vida escribiendo en contra del régimen (y esto es decir: en contra de los Castro y de todo su sistema diabólico, sabiendo que se expone a lo peor) o se va al extranjero y enfrenta la vida real, a expensas de no poder escribir por mucho tiempo debido a tener que trabajar en otra cosa que no le facilite su estatus de intelectual, como me sucedió a mí, que no me considero un héroe ni un mártir ni un patriota, sino alguien que prefirió irse para ayudar a su familia y, después, hacer literatura. Tuve que esperar años para llegar a lo que he llegado. Pero no me arrepiento. He ganado más experiencia; he evolucionado; tengo la impresión de que escribo un poco mejor que antes.

JHC.- Te he visto usar el lenguaje con una brillantez poco común en el contexto en que vivimos. Por otra parte, durante casi 20 años has trabajado en el diario La Opinión. ¿Cómo ves el lenguaje que se usa en los medios de comunicación en español de Estados Unidos? ¿Alguna sugerencia?

MGM.- Mira, voy a tratar de ser lo más escueto posible, porque este tema daría para un libro. Realmente llevo unos 16 años en las dos épocas en que he estado en La Opinión. Verdaderamente, he aprendido mucho en lo profesional y en lo humano en mis años de periodista ahí. Y como siempre me fascinó el lenguaje, pues en el principio (que fue la primera época), años que van entre 1997 y 2008, trabajé en el periódico como Copy Editor; es decir, como editor de estilo. En los primeros años tuve un buen supervisor, Hugo Valicente, quien ha dominado mucho el español y le tocó organizar el Copy Desk (el buró de redacción). Creo que eso fueron los mejores tiempos que tuvo el periódico en lo que respecta la presentación de sus textos. Hoy en día La Opinión se encuentra en transformación, en cambios que todos esperamos sean para bien.

Pero bueno, aparte del periódico donde trabajo, el español entre los periodistas hispanos en Estados Unidos, por lo general, no es bueno. Hay mucha influencia del inglés en las estructuras (hablamos de la sintaxis) y en el léxico también. Hay unos cuantos periodistas a quienes les molesta el hecho de tener como referencia a Fundéu (Fundación del Español Urgente) o a la Real Academia (que es verdad que a veces ha tenido tiempos —la Academia, digo— de ser muy rígida, pero ya hace algunos años se halla muy apegada a la realidad popular, por el dinamismo del idioma, que es en esencia lo fundamental en cualquier lengua). Y encontramos a otros periodistas que desconocen qué es la Fundéu. Es necesario que los reporteros y hasta unos cuantos editores, usen la Fundéu porque es una herramienta imprescindible. Todos los idiomas tienen sus complejidades, sus complicaciones, por supuesto, pero el español, entre otros, es difícil por su ortografía y acentuación, y tanto más si se quiere, su conjugación verbal. No obstante, eso también forma parte de la riqueza de nuestro idioma, que es inagotable, y el periodista tiene que tomar conciencia de ello.

Por encima de todo interés de comercialismo (que se entiende es importante) hay que hacer periodismo, y lo principal aquí son los textos, los escritos, la noticia, la columna, la crónica de color, el reportaje, el testimonio, etc., y asimismo el hecho imprescindible de saber cómo se escribe; todo ello junto es un sistema centrado en el texto que a su vez es el fundamento y sostén de todo periódico que se respete.

JHC.- Internet, los blogs, las redes sociales, los móviles inteligentes lo cambiaron todo, inclusive la manera de publicar libros. ¿Cómo afronta un escritor como tú, con tanta experiencia, esta nueva era digital?

MGM.- Pues nada, bienvenido el progreso. Es verdad que uno está apegado al libro de papel. Yo he sido incluso alguien que he escrito un “Elogio al libro” (de papel, por supuesto), pero es indudable que la tecnología se impone, lo mismo sucedió cuando del papiro se pasó a la imprenta de Gutenberg y después a la máquina de escribir y a la imprenta de sistema tipográfico. Hoy en día es la editorial y la imprenta digital, y los libros también son electrónicos (ebooks). Es el progreso con sus pro y sus contras, pero indudablemente cuenta con muchos más pros, y es lo mejor que le puede pasar al ser humano.

La vida está llena de cambios, algunos muy rápidos y otros más lentos, pero todo cambia y hay que cambiar junto con los cambios (y valga la redundancia). Antes, yo tenía mis libros guardados, engavetados no solo por la censura del régimen (cuando estaba en Cuba), sino porque no encontraba una editorial seria que me publicara (cuando me encontraba ya en España y luego en Estados Unidos. Tenía que tener tiempo para dedicarme a la búsqueda de un agente o de una editorial y no podía porque tenía que trabajar en lo que apareciera para sobrevivir), como les pasa a millones de experimentados escritores. Sin embargo, desde hace unos años, gracias a la tecnología, estoy publicando mis libros en editoriales pequeñas (de tamaño, digo, porque hay algunas que de profesionalidad y empeño son muy grandes), editoriales de autopublicación, repito, o algo así (antes las llamaban vanity, publicaciones por vanidad). Pero hoy en día yo le he cambiado esa clasificación por editoriales de necesidad, porque históricamente muchísimos escritores clásicos se han autopublicado y pagado sus propias creaciones.

Hoy en día, ya son miles y miles de buenos escritores, de estimables talentos, los que publican de esta manera y de hecho hacen una literatura responsable, y es que lo que importa y prima es la calidad de lo que se publica. En este nuevo tipo de publicación no solo se hace el libro en papel on demand (por pedido, quiero decir), sino asimismo los ebooks, que apuntan a ser no ya un futuro mercado electrónico, sino un presente. Yo soy, en esto, un escritor privilegiado, porque cuento con dos editoriales exquisitas que trabajan coordinadas, son Neo Club Ediciones y Alexandria Library, ambas en Miami. Hasta ahora, mis libros han tenido excelentes ediciones y diseños…

Lo otro que me preguntabas sobre cómo afronto esta nueva experiencia, pues nada, amigo mío, lo hago escribiendo, es-cri-bien-do. En la literatura, eso sí no cambia… o quién sabe…

Gracias mil por tu enjundiosa entrevista.

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