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Facundo Cabral - Entrevista

Y la Biblia se Hizo Canción

Entrevista al cantautor argentino Facundo Cabral para el semanario Okay L.A. de Los Angeles, realizada en marzo de 1988, horas antes de un recital del artista en esta ciudad, en esa fecha. Cabral fue brutalmente asesinado el 9 de julio de 2011 en Guatemala.

JESUS HERNANDEZ CUELLAR

Conversar con Facundo Cabral es, de alguna manera, encontrarse con la búsqueda de Dios lejos de los altares convencionales, y penetrar en un concepto diferente de la tremenda poesía que vive en el espíritu de este cantautor que se presentará los días 18 y 19 de marzo a las 8 de la noche, en el Variety Arts Center de Los Angeles.

Este hombre alto no sólo en estatura, barbudo, ahora un poco más delgado que de costumbre, vino también a presentar su libro “Paraíso a la Deriva”, que constituye el primero de una serie en la cual narra sus memorias.

Como Borges, argentino pero sin traje de gaucho, esta versión latinoamericana de Moisés tiene 50 años de edad, y confiesa ser un plagio absoluto de su madre, a la cual enseñó a leer y a escribir a los 54 años, ante la visión poética de la vida que tenía aquella mujer de campo. Se sorprende el artista al saber que la autora de sus días sospechaba a Walt Whitman, décadas antes de leerlo con lágrimas en los ojos.

En su camino hacia Dios, este anarquista, benévolo no admite izquierdas, ni derechas para el mejoramiento del hombre, su hermano, sino la senda recta de la idoneidad que se alcanza sólo a través de la participación activa en la vida social, espiritual y cultural.

Su universo está por encima de todo paternalismo hacia los pobres, y su canto deja de ser arte común para devenir en prédica. Entonces, los teatros son teatros sólo hasta que él sube a escena, en lo adelante serán templos que le sirven para consagrar con altos niveles de sensibilidad, el silencio de su público.

JHC.- ¿Por qué cantas, escribes y tocas la guitarra?

CABRAL. - Soy un plagio de mi madre, cuando hay algo brillante en mí, seguramente es un reflejo de algo brillante de ella. Decía ella que hay quien hace poesía y hay quien vive poéticamente. Mi madre aseguraba que el trabajo de uno era convertir cualquier acto en poesía. Un día mi hermano le preguntó qué era un artista, y ella le respondió que Dios le ponía al artista una lupa gigantesca en la mano para que viera cada rincón de su Creación. Dios, pensaba, le decía al artista: “Ve y dile a tu hermano la belleza que hay en cualquier acto y canta la gloria de cada rincón”.

Le enseñé a leer y a escribir cuando tenía 54 años, y a los 74 años, 20 años después, abrió un libro sola, “Don Quijote de la Mancha”. Tardó cuatro años en leerlo. Cuando descubrió a Walt Whitman dijo que la había plagiado un siglo antes de que ella aprendiera a leer y a escribir. Eso estaba previsto para mí, decía, pero cometió la picardía de nacer antes.

JHC.- ¿Qué es la poesía?

CABRAL.- Es la vida, hay quien la escribe, hay quien la vive, cualquiera es un poeta en un momento de su vida. Participar de la belleza es ser socio de la belleza. Cuando yo era amigo de Borges, yo era Borges. Cuando empecé a ganar dinero, yo incluía en la declaración de impuestos a Neruda, a Lezama Lima y a otros por haberlos disfrutado. Los de los impuestos no entendían nada. Una vez, en México, me dijeron que yo estaba excluído de pagar impuestos porque lo mío era un acto cultural. Entonces, les dije que yo debía pagar impuestos porque había gozado como nadie a Octavio Paz y a Rulfo.

Si tomas una actitud poética ante la vida, la relación con la gente es bella. Para mí la poesía es inevitable. Se podría parafrasear a San Agustín cuando le preguntaban qué era la fe. Decía: “Yo no sé qué es la fe, pero cuando no me preguntan, yo sé qué es la fe, pregúntenle a la fe quién es San Agustín, porque yo soy obra de ella.

Se podría decir lo mismo de la poesía, parafraseándolo a él, claro. La poesía a mí me hace, yo no la hago, entonces hay que preguntarle a ella quién soy yo.

JHC.- ¿Qué es la música?

CABRAL.- La música es la poesía desaforada y modesta. Porque por alto que sea un cantor, nunca es un poeta. La música es una versión menor, no indigna pero menor, de la poesía. En ella la poesía se aligera para llegar al hombre común y se transforma en canción.

También es una oración la canción. En el Medio Oriente dicen que cantar es orar dos veces. Cuando canto, el público no me admira, sino que es un cómplice. Y el teatro se convierte en un templo, y aparece San Agustín y ‘El Sermón de la Montaña’ y Juan el Bautista.

Una vez un periodista le dijo a mi madre: “Su hijo es asombroso”. Y ella le respondió: ‘No te confundas, él es un asombrado’. Ahora, en un mundo de gente tan indolente y tan apática, un asombrado es asombroso. El artista no te quiere asombrar, te quiere asociar, y cuando vos lo aplaudís, te aplaudís a ti mismo.

Si yo puedo gozar a García Márquez, indudablemente yo soy un artista con sólo leerlo. El acto de participar es creativo. Yo solo nunca podría crear como creo con la gente. En el cuarto del hotel puedo tener una idea, pero la idea se completa cuando el que está enfrente le pone lo que le falta.

JHC.- Aquí tenemos entendido que no te permiten entrar a Chile, Cuba ni Paraguay, ¿Por qué?

CABRAL.- Se inquietan porque lo mío es una exaltación del individuo. En Chile entré porque hicimos una trampa. Fue maravilloso. Yo llegué y había 4 mil personas en el aeropuerto, era el mes de abril de 1987. Me preguntaron los periodistas qué iba a hacer allí, y le dije a la televisión, que en ese momento transmitía un noticiero en vivo para todo Chile: ‘Vengo a decirle al dictador lo que le dijo Moisés al Faraón, dejad en libertad a mis hermanos’. Se armó un lío. Había 17 jeeps del ejército y 10 de la policía frente al hotel, pero 4 mil estudiantes. Los primeros dos días fueron 60 mil personas a oírme. Estuve dos días preso y la Embajada argentina me sacó. Le dije a la televisión: “Yo sé que en estos días él no ha dormido en paz”. Fue el gusto de mi vida, lo inquieté.

Y con la izquierda me pasa lo mismo, porque esos sistemas, aún con las mejores intenciones, terminan siendo dictatoriales. Cuando el ser humano no tiene derecho a decidir hasta el último segundo de su vida, eso es una indignidad.
En el caso de Nicaragua, dos veces me echó Somoza personalmente. Ahora con el nuevo gobierno tampoco jamás hubo… bueno, hay gente que quiere que vaya, incluso gente que está peleando. Es que todos le tienen pánico a una sola palabra: espíritu. Es como una mala palabra, tiemblan, la derecha y la izquierda, porque contra esa palabra no pueden.

El hombre nace y es esencialmente libre, y el espíritu es libre. Por eso me muevo con tanta facilidad acá (Estados Unidos). Yo soy un hombre que vive en libertad, y en ningún lugar del mundo –yo he visitado 145 países- siento tanto esa libertad como aquí. Aquí se respira la libertad, se puede tocar.

JHC.- ¿No le reprochas nada a Estados Unidos, en sus relaciones con América Latina?

CABRAL. - Le reprocho, sí claro. Sobre todo en política exterior. Es un crecimiento desmedido que va transformándose en invasión. Le reprocho y le agradezco. Hay un crecimiento natural que hace que vos te quedés con lo que está al lado, no me parece justo. A veces es hasta inconsciente la invasión.
Pero también, le agradezco cosas, impresionantes. He visto un cine maravilloso de Estados Unidos, el de Elia Kazan, Lee Strasberg, y he gozado actuaciones grandiosas, Marlon Brando, Dustin Hoffman, Katherine Hepburn. También una gran literatura, Henry Miller, entre otros.

Esto que voy a decir es un poco difícil. La gente habla de ‘la ciudad gigantesca y fría –refiriédose a LA., Nueva York o Chicago’. Yo no veo eso, yo veo un monumento. Yo siento que estas son las pirámides de nuestra época. Este país es el dato de un nuevo lenguaje. Yo veo poesía en ciertos automóviles. Es casi una sinfonía un ‘freeway’ atascado, no me molesta, me excita. Somos injustos, se habla del mal que hace el ‘smog’, pero no se habla de que la misma ciencia que provocó la chimenea, cura cáncer.

Esto es un reto al fuerte. Estamos hablando desde el punto de vista de un individuo que no tiene necesidades imperiosas. Ahora, si yo vengo de Bangla Desh, donde mis hermanos han muerto de hambre, hay que pensar que lo que falta allá, sobra acá.

En el intercambio de objetos, ¿hay igualdad de posibilidades? Hay. ¿Yo las tomo? Si no las tomo voy a ser un perdedor, si las tomo voy a ser socio del ganador. La vida es hambre y festín.

Los dos países más atípicos del mundo, según las Naciones Unidas, son Japón y el mío. Japón porque de nada hizo todo, y Argentina porque es un país que teniendo todo no hizo nada.

JHC.- ¿Es cierto que formas parte de ese movimiento llamado la Nueva Canción Latinoamericana?

CABRAL.- No es cierto, lo mío es muy viejo. Tengo textos que tienen 1,500 años antes de Jesús. Mi texto más nuevo tiene 1988 años, es ‘El Sermón de la Montaña’, que tal vez por viejo parece nuevo, y por desconocido, novedoso.
No saben dónde ponerme. ¿Dónde ponés a un anarquista?

JHC.- ¿Te consideras un anarquista?

CABRAL.- Sí, yo creo en el gobierno de uno mismo. Tengo un solo aditamento que me hace diferente de los anarquistas. Sigo creyendo que tiene un Padre el Universo, que hay una ley superior a la humana. Yo creo en la decisión del individuo. Este (E.U.) fue un país hecho por individuos. Adams, Jefferson fueron monumentos del individuo. Por eso digo que de la mayoría se ocupen los políticos, los sindicalistas. Yo no necesito que nadie me dé nada. Puedo vivir en la miseria más grande. He sido millonario en dólares y he vuelto a la miseria en 10 minutos, nunca supe dónde se me cayó el dinero.

Yo nací en la calle y seguramente voy a morir en la calle con la gente que tengo mucho que ver. Tampoco soy un “hippie”, les tengo mucho respeto, pero me gusta mucho más vivir mejor. Me gusta mucho una mesa con un buen vino francés, candelabros y algún instrumento de cuerda que toque una obra de Brahms, y mi amante rubia de ojos celestes.

JHC.- ¿Entonces se encuentran en ti Don Quijote y Sancho?

CABRAL.- Sí, es lo mismo. Yo soy totalmente multidireccional. También mi signo es eso. Soy geminiano. No creo que ser rico sea un pecado, ni ser pobre sea una ventaja. Conozco pobres que soy muy hijos de puta, y ricos, que son muy buena gente. Y también conozco pobres maravillosos y ricos que son basura. El hombre no se mide por lo que tiene afuera, sino por lo que tiene adentro.

JHC.- ¿Consideras que aún existe la Nueva Canción Latinoamericana o ese movimiento es ya un museo?

CABRAL.- Sí, existe, pero tenés razón, es la última sala de un museo de la canción. La Nueva Canción estuvo de moda, ya terminó su moda, ahora está al mismo nivel de una canción que canta Julio Iglesias, y es parte del entretenimiento y del mercado. Para mí un ‘entertainer’ es muy importante… sin burla, con todo respeto. Entretener al público una o dos horas es algo valioso. Porque pretender que un cantor popular dé mensajes es un poco pretencioso y estar falto de noticias, porque los mensajes están en El Corán, en la Biblia. A mí me dicen que cúal es el mensaje y les digo, ‘allá enfrente hay una librería, buscá una Biblia’.

JHC.- ¿Crees que la riqueza cultural de la humanidad futura se halla reprimida en la América Latina?

CABRAL.- Es peligrosa una opinión de esto, ¿oíste?. Europa es una señora que parece que ya dio lo suyo. El Oriente es la abuela. Tal vez la hija de esa señora que es Europa, y la nieta del Oriente sea la América Latina. Yo pienso que está menos trajinada, todavía no participó en la historia de la humanidad. América Latina es otra versión de lo que se dijo, más silvestre tal vez a fuer de joven. Está menos corrupta porque todavía no participó en el mercado. Hay que darle el poder a ver qué hace con ese poder.

JHC.- Si te permitieran hacer el mundo a tu manera, ¿cómo lo harías?

CABRAL.- ¡Ah, yo diría, hazte cargo! Yo le diría a la gente que no piense qué puede hacer la sociedad por ellos, sino qué pueden hacer ellos por la sociedad. Que la gente participe, nada de paternalismos. Todo se puede. Hace cuatro meses salí de un cáncer. Estuve vomitando sangre y desahuciado durante cuatro años, y no dejé de viajar. ¿Cómo que no se puede? Cuando oigo a un tipo diciendo que no se puede, siento que está diciendo la infamia más grande del mundo.

Sé que he dado alegría y he incendiado las voluntades. Soy más un predicador que un cantor.

© Okay L.A. - All Rights Reserved -- Reproducción autorizada por Okay L.A., semanario fundado en noviembre de 1987 en Los Angeles, California, por Leonel y Carmen Morán, y el actual editor de ContactoMagazine.com, Jesús Hernández Cuéllar, autor de esta entrevista.

COMENTARIOS:

Querido Jesús: muchas gracias por esta pieza maravillosa de buen periodismo. Muchas gracias por tu fidelidad a nuestro oficio, y por tu lealtad a principios de humanitarismo, justicia, ecuanimidad, y estética. Sin exagerar, creo que tus colegas y amigos deberíamos erigirte una estatua, en agradecimiento por tu incansable trabajo periodístico. La muerte de Cabral nos duele a todos muy adentro, pero tú, con este recuerdo, nos ayudas a consolarnos. Un abrazo fraterno.

RAFAEL BUITRAGO
Escritor y periodista

Brutal Asesinato de Facundo Cabral

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