
Escalofriante fue el caso de seis estudiantes de preparatoria del pequeño
y depauperado pueblo minero de Sheandoah, estado de Pensilvania, quienes
en la noche del 12 de julio golpearon brutalmente a un inmigrante
mexicano indocumentado, mientras le gritaban insultos raciales. La víctima
se mantuvo con vida durante 30 horas. Murió el 14 de julio.
Cuando un mexicano se acercó para tratar de detener la golpiza,
uno de los adolescentes le espetó: "Díle a tus amigos
mexicanos que se vayan si no quieren que les pase lo mismo. Aquí no
queremos mexicanos".
Varios testigos presenciaron el crimen, y escucharon los insultos y las
amenazas. Entre ellos estaba Eileen Burke, una oficial de policía
de Trenton, ya retirada, quien vive en la misma calle donde la víctima
fue atacada y oyó cuando Brandon J. Pierkasky, de 16 años,
Colin J. Walsh, de 17, Derick M. Donchak, de 18, y otros tres jóvenes
que no habían sido arrestados al momento de redactar esta columna,
amenazaron a quien se les acercó tratando de detener la golpiza.
De acuerdo con algunos informes, el extinto Luis Ramírez, de 25 años de edad, había llegado de México cuando tenia 19 años, y formado una familia con Crystal Dellman, quien siempre vivió en Shenadoah. Tenían tres hijos pequeños. Segun reportes de prensa Ramírez tenía dos trabajos para mantener a su familia y, supuestamente, ayudar a los suyos en México.
Una foto tomada en el hospital pocos minutos antes
de fallecer el día
14, muestran el rostro de Ramírez montruosamente inflamado, aunque
aparentemente la causa de fallecimiento fueron las patadas recibidas en
la cabeza.
La policía demoró dos semanas en arrestar a tres de los sospechosos,
a pesar de que los nombres de los seis eran conocidos por los maestros
de la escuela, por la propia policía y por la mayoría de los
habitantes del pueblo. Eran adolescentes estadounidenses, de raza blanca
y miembros del equipo de fútbol americano de la escuela secundaria
de Shenandoah Valley en la cual estudiaban.
"Ahora que se les han formulado acusaciones, dejemos que el caso sea
administrado por el sistema de justicia penal", dijo el fiscal del
condado de Schuykill, James Goodman.
El abogado de dos de los acusados
declaró que trataría de que fueran juzgados como menores
de edad, no como adultos como se dijo al principio, que es realmente lo
que debería hacerse. Porque no se trata de tres sino de seis, y
no se trata de seis adolescentes sino de seis personas adultas para todo
lo demás.
La justicia penal de Estados Unidos, el Congreso, o quizás el propio
presidente de la nación (por medio de una orden ejecutiva) debería
decretar cadena perpetua para todos los culpables de crímenes de
odio. Pero el abogado de Walsh, Roger Laguna, dijo que a pesar de los epítetos
raciales, no se trata de un crimen de odio sino de una pelea que terminó en
tragedia.
¿Cómo definiría el Sr. Laguna un crimen de odio?
Es fácilmente imaginable que para él lo sería si el
agresor hubiera sido el mexicano pobre y las víctimas estos "niñitos
de papá", además, borrachos, puesto que se sabe que
habían estado bebiendo. A pesar de ser "menores de edad".
La amplia hostilidad entre los diferentes
grupos que han emigrado a Estados
Unidos desde los inicios de esta nación, es bien conocida. No se
trata de algo nuevo contra los mexicanos, ni contra los que vienen de la
América de habla española. El único elemento nuevo
es que las fronteras colindantes entre México y Estados Unidos facilitan
la inmigración ilegal.
Y de que por lo menos seis millones de mexicanos han atravesado la frontera
durante los últimos años, bajo administraciones tanto republicanas
como demócratas. Porque, ¡claro!, a las grandes empresas agrícolas
estadounidenses les convenía la mano de obra eficaz y barata que
estos hombres y mujeres ofrecen.
Luis Ramírez era mexicano e indocumentado. Pero lo mismo podría
haber sido cubano, colombiano o polaco y tener, o carecer, de documentación
legal para permanecer en este país. No obstante ello, era un ser
humano.
Solicito excusas si me equivoco; pero no he oído que algún funcionario
o congresista haya tomado interés en este caso. Sólo el grupo legal
público MALDEF ha participado, y ha pedido al FBI que supervise la investigación.
Hay muchos congresistas hispanos tanto en la cámara
baja como en el Senado. No he escuchado que ninguno de ellos haya alzado
la voz para advertir al sistema judicial de que los seis asesinos de Luis
Ramírez
han de ser juzgados con todo el rigor que permita la ley.
Los crímenes de odio contra cualquier grupo humano no han de ser
tolerados en una nación que se autoproclama líder en la defensa
de los derechos humanos.
Quizás no deberíamos asombrarnos cuando se cometen cada vez más crimenes de odio y a pocos parece importarles. Si toda Alemania se hubiera levantado en protesta cuando Adolfo Hitler comenzó sus desmanes, no tendríamos que avergonzarnos hoy del infame Holocausto.
Por otra parte, ¿acaso merecía China ser sede
de las Olimpiadas 2008? Pekín estalla de lujo. ¿A quién
le importan los campesinos desalojados de sus casas y sus pequeños
terrenos cuando el gobierno comunista quiere construir una carretera, o
un ferrocarril? ¿Ni
que nadie les pague por sus pequeñas propiedades confiscadas? ¿Qué pasa
con los disidentes chinos encarcelados? ¿Y a quien le importa una
dictadura de medio siglo en Cuba?
La tecnología, la ciencia, la medicina, adelantan por día.
Pero la conciencia colectiva de los seres humanos, sin dudas, agoniza.
Por horas.
¡Réquiem por la conciencia humana!
(Durán es editora asociada de
Contacto Magazine. Ha desarrollado en Estados Unidos una carrera periodística
de más de 30 años. Fue editora del semanario The Dispatch Ahora
durante 15 años, en Union City, New Jersey, donde vive desde la
década
de los 60. Se cree que fue la primera periodista latina en abrir una
página en español
en un diario en inglés, por lo menos en la costa este de Estados
Unidos. Ocurrió en el diario The Hudson Dispatch).
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