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Para Nostálgicos del Infierno

Los exilios han sido siempre víctimas. Las dictaduras, victimarias. Cualquier otra ecuación intelectual que se quiera hacer de este fenómeno, especialmente sobre el último medio siglo vivido por los cubanos, es una masturbación política. Esa es la regla. Y, claro, toda regla, para que sea regla, debe tener excepciones.

Con la premura de quien actúa bajo una tormenta de rayos ultravioletas, cierta gente está dando vuelo a una oscura etapa de descrédito del exilio cubano, como una especie de último tren de la gran campaña emprendida hace 50 años por el castrismo. Esa etapa se está reflejando en Cuba, que es donde se diseña, en Europa, en América Latina e inclusive en espacios presuntamente serios de Miami, de manera muy poco seria.

Es un ataque frontal, estereotípico e ignorante, disfrazado en muchos casos de opinión periodística, contra las bases de una comunidad que en muy poco tiempo convirtió una ciudad norteamericana en la capital de América Latina dentro de Estados Unidos. La columna vertebral de la campaña es cubrir con un velo de duda los testimonios de las víctimas de la dictadura, tomando como referencia las excepciones, no la regla. Es una batalla inútil, cuesta arriba, que requiere de un esfuerzo extraordinario, al tener como único fin enlodar a familias y grupos que sacaron a Miami del pantano que era, a pesar de haber venido huyendo de los paredones de fusilamiento, de las mazmorras, de los campos de trabajos forzados, del espionaje callejero de las presidentas de los comités de defensa, de la ausencia de libertades fundamentales, es decir de esa olla en la que se han estado cociendo las actitudes de Maquiavelo, con las psicosis de los personajes de Frank Kafka y Eugenio Ionesco, juntos, salpicados con el mojo de Stalin y la salsa de Mao Zedong. Esa imagen que todos conocemos, inclusive los que nacieron después de 1959, es el verdadero infierno cubano, no Miami, no el exilio cubano.

No fue en Miami donde centenares de miles de cubanos tuvieron que ir a trabajar obligatoriamente en campos agrícolas hasta que el gobierno tuviera a bien aprobar su salida del país. Eso ocurrió en Cuba. No fue en Miami donde se abrieron campos de concentración para homosexuales, fue en Cuba. No ha sido en Miami donde se han escuchado las sórdidas estampidas de los pelotones de ejecución, fue en casi toda Cuba. No existe en Miami algo igual a la fortaleza de La Cabaña. En Miami, como en todas partes, hay gente radical y extremista, ignorante, tal vez insoportable, pero no es allí donde se encarcela a la gente por el delito de "divulgar propaganda enemiga". Eso ocurre actualmente en Cuba, a personas que expresan opiniones críticas de la dictadura. Ha ocurrido allá durante 50 años, desde el primer día. La gente de Miami que ha cumplido 20, 25 y 30 años de prisión, no fue encarcelada todo ese tiempo en la sureña ciudad floridana, sino en Cuba. Por razones políticas.

El exilio cubano es y ha sido el Dr. Jaime Suschiliki, director del Centro de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos de la Universidad de Miami, los músicos y empresarios Gloria y Emilio Estefan y el comandante Huber Matos, el fallecido activista Jorge Mas Canosa, el más importante pintor cubano vivo, Cundo Bermúdez, y el extraordinario dramaturgo y académico Matías Montes Huidobro, el formidable actor Reinaldo Miravalles y el sabor cubano de Albita Rodríguez y Willy Chirino, también de la fallecida Celia Cruz, la militancia pasada y presente de Ramón Saúl Sánchez, presidente del Movimiento Democracia, y los espacios digitales Cubanet y la Nueva Prensa Cubana, los padres de las víctimas del ataque aéreo contra las avionetas civiles, desarmadas, de Hermanos al Rescate, los niños de la Operación Pedro Pan y los sobrevivientes de la masacre del remolcador "13 de Marzo", el programa María Elvira Live de Mega TV con la periodista María Elvira Salazar, el Instituto de la Memoria Histórica Cubana, el empresario Carlos Saladrigas y los dueños originales de Bacardí, los editores de El Nuevo Herald y los columnistas que reflejan, defienden y atacan al exilio desde sus páginas. Es también Oscar Hijuelos, el primer latino en ganar un Pulitzer en la categoría de Novela, y Nilo Cruz, también el primer latino en ganar un Pulitzer, pero en teatro. Es el internacionalmente galardonado saxofón de Paquito D'Rivera y los análisis imprescindibles del periodista y escritor Carlos Alberto Montaner. Todo eso es la Cuba exiliada.

Tratar de encasillar a ese vasto abanico dentro de un estereotipo de batistianos jugadores de dominó, no es un insulto al exilio, es sólo un reflejo de la inteligencia subnormal de quien se lo propone. Es la última alucinación de los nostálgicos del infierno.

(Hernández Cuéllar es director y editor de Contacto Magazine, revista que fundó en julio de 1994 en Los Angeles, California. Ha sido además redactor de la agencia EFE en La Habana, Cuba, San José, Costa Rica, y Los Angeles, California, así como editor metropolitano del diario La Opinión de Los Angeles e instructor de periodismo de la Universidad de California en Los Angeles, UCLA --- Biografía).

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