El Inolvidable Muro de Berlín


El Muro de Berlin...

Logo de Café Impresso, columna de Jesús Hernández Cuéllar

El Inolvidable Muro de Berlín

El niño que nació el 9 de noviembre de 1989, día en que se derribó el odioso Muro de Berlín, cumplió ahora 27 años de edad. Posiblemente ya se graduó de la universidad o está trabajando para mantener a una familia, pero aun así tiene quizás una vaga referencia de lo que fue aquella muralla de muerte y oprobio que desde el comienzo de su construcción en agosto de 1961 se convirtió en símbolo de un mundo en el que la humanidad no quería vivir.

Para los mayores, la foto de Peter Fetcher agonizando tras haber recibido varios disparos de los guardias comunistas alemanes mientras trataba de escapar hacia la libertad, estará guardada en su memoria para siempre. Fue una foto que dio la vuelta al mundo en 1962. Tan cerrada era la República Democrática Alemana (RDA), la menos democrática de las dos Alemanias, que todavía no hay cifras exactas de la cantidad de muertos en el Muro de Berlín. Algunas fuentes citan alrededor de 1.245. Una exposición exhibida entre 2004 y 2005 donde estaba el muro, en la llamada "franja de la muerte", presentó mil cruces con nombres y apellidos de hombres y mujeres acribillados a balazos, intencionalmente.

Pero el Muro de Berlín era sólo el símbolo más visible de una ideología a cuya maquinaria represiva los sovietólogos franceses autores de El libro negro del comunismo, gente de izquierdas por cierto, atribuyen 100 millones de muertos en 70 años de poder marxista-leninista mundial.

Aun así, el siglo XXI se inauguró con el parto del actual movimiento neocomunista, especialmente en América Latina. Hugo Chávez y su sustituto Nicolás Maduro, Evo Morales, Daniel Ortega, antiguo comunista resucitado como católico y demócrata, y en gran medida Rafael Correa, no son más que algunos ejemplos que han llegado a presidentes de sus países en este continente, por la vía democrática, dentro de estados de derecho.Peter Fetcher A pesar de ello, estos nuevos dirigentes del llamado "socialismo del siglo XXI" - ¿qué demonios es eso? - no ocultan sus simpatías por los líderes que defendieron hasta el último minuto la inmoral presencia del Muro de Berlín, las ejecuciones, la represión.


El cadáver de Peter Fetcher al pie del Muro de Berlín.


Muchos de aquellos líderes todavía viven y reprimen, entre ellos los hermanos Fidel y Raúl Castro en Cuba, y la dinastía comunista de los Kim, en Corea del Norte. Los neocomunistas adoran a los Castro y a los Kim, y proponen las mismas ideas de los constructores del Muro de Berlín pero con máscara democrática, para destruir no sólo al capitalismo que odian de manera visceral, sino también a las instituciones democráticas que usaron para llegar al poder. Otros, con algo más de decencia, sólo guardan un silencio cómplice. Los neocomunistas, de sólo entrar en las casas de gobierno, quieren reformar las constituciones de sus países para hacer más cómoda y larga su estancia en el poder. Soberanía, socialismo y pueblo son las palabras más importantes de sus discursos. Nada de ese vocabulario radical ha producido jamás bienestar social alguno, pero ellos repiten estas palabras una y otra vez como un inútil sustituto del progreso real. Estas eran las mismas acciones y el mismo vocabulario de los viejos comunistas, de los que disparaban contra los que intentaban cruzar el Muro de Berlín, como los pandilleros chavistas que hemos visto disparando contra la oposición venezolana.

Tres escritores latinoamericanos, Alvaro Vargas Llosa, peruano, Plino Apuleyo Mendoza, colombiano, y Carlos Alberto Montaner, cubano, que en la década de los 90 escribieron El manual del perfecto idiota latinoamericano y Fabricantes de miseria, con abundante documentación sobre los sistemas que han producido bienestar social en este mundo, por fortuna y a propósito de los neocomunistas, han publicado una especie de segunda parte del primero, El regreso del idiota.

Los jóvenes que cumplen 27 años en este aniversario de la caída del Muro de Berlín, debían leer estos tres libros. Con ellos aprenderán que sí, es cierto, no todos los países democráticos y capitalistas han logrado el desarrollo. Pero todos los países desarrollados son democráticos y capitalistas. Por lo tanto, es muy importante no ser un idiota más.

(Hernández Cuéllar, autor de la columna Cafe Impresso, es director y editor de Contacto Magazine, revista que fundó en julio de 1994 en Los Angeles, California. Es también autor del libro ¡Última hora! - Manual para el consumidor de noticias de la era digital. Desde 1981 ha trabajado en todo tipo de medios: agencias de prensa, diarios, radio, televisión, semanarios, internet, revistas y redes sociales. Fue redactor de la agencia EFE en Cuba, Costa Rica y Estados Unidos, así como editor metropolitano del diario La Opinión de Los Angeles, California, e instructor de periodismo de la Universidad de California en Los Angeles, UCLA).

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