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  Félix Varela, Perfil
de un "Siervo de Dios"




"Recen a Félix Varela y si obtienen un milagro, dejénmelo saber."

Monseñor Octavio Cisneros

El hombre delgado, ataviado en negro y con pequeños lentes cuadrados, se hace camino bajo el implacable sol de julio, entre pilas de basura, piras funerarias, carretones cargando cadáveres tirados en las cunetas y un nauseabundo olor a muerte, hasta llegar a un improvisado dispensario, uno de varios creados por él porque ya los enfermos no caben en los hospitales. Allí ayuda a asearlos, bendice a los moribundos, conforta a las familias. Y continúa después hacia otro y otro dispensario improvisados.

Es el año 1832 durante la devastadora epidemia del cólera; es Five Points, el marginal barrio neoyorquino habitado por inmigrantes pobres, y es el padre Félix Varela, quien milagrosamente no se contagia, a pesar de vivir prácticamente entre los enfermos durante toda la epidemia.

Alrededor de 100 mil neoyorquinos, quizás la mitad de la población, han huido al campo por temor al cólera; pero, según un periódico de entonces, muchos llevaban ya el germen y ayudan a extender el mal sin proponérselo. La ciudad parece desierta. Quedan en ella, sobre todo, los más pobres: los inmigrantes recién llegados. Miles de personas enferman entre los meses de julio y agosto, 3,513 mueren, de acuerdo a cálculos de la época.

Al paso de la epidemia, la dedicación del padre Varela es calificada de "heroica". Ha creado orfanatos, y círculos infantiles para que las madres puedan trabajar, a los que ahora se añaden los niños de las viudas que, si no lo hacían antes, ahora tuvieron que hacerlo.

Antes y después del cólera, trabaja todo el tiempo para reducir otra epidemia en las comunidades de inmigrantes: el alcoholismo. Es llamado "santo" y "Vicario de los irlandeses".

Es un hombre culto: filósofo y autor de varios libros de texto de filosofia. "Cartas a Elpidio" es uno de sus libros más conocidos. Es educador, parlamentario, domina varias lenguas. Lo más importante: trabaja incesantemente con el ejemplo de su propia conducta dictada por su acendrada fe.

Hace importantes contribuciones a Estados Unidos. Aquí vivió 30 de sus 65 años de una vida plena de santidad. Entre esas contribuciones destacan sus notables aportes a la expansión de la religión católica que, cuando él llegó a Nueva York, se hallaba prácticamente en pañales.

Actualmente, la Iglesia Católica Romana es la más extendida de la cristiandad en Estados Unidos, asegurando contar con el 37 por ciento de todos los afiliados a una religión. En los principios fue muy distinto.

En la ciudad de Nueva York, al iniciarse el siglo XIX, había sólo una iglesia católica: San Pedro. Alrededor de 1820, se estableció la segunda, Santa María. A la llegada de Varela a la ciudad bajó una tormenta de nieve en un helado día de diciembre de 1823, una comunidad católica había acabado de comprar a los episcopales una vieja iglesia, la cual le fue confiada a él, convirtiéndose así el padre Varela en el tercer párroco de esa ciudad.

Para captar las condiciones del catolicismo en aquella época, en un país que había heredado el protestantismo de Inglaterra, baste decir que la Diócesis de Nueva York, creada en 1808, comprendía todo el estado de Nueva York (se extiende hasta la frontera con Canadá), y la mitad norte del estado de New Jersey.

Cuando el padre Varela recibió las licencias ministeriales de parte del obispo John Connolly, había solamente 35 mil católicos en esa diócesis pero únicamente alrededor de una docena de sacerdotes para atender a una población católica mayormente formada por inmigrantes pobres, que provenían de Alemania, Francia, Irlanda, España y una minoría exilada de Cuba.

El padre Varela es considerado uno de los apóstoles que libraron la batalla por la fe católica en aquellos tiempos llenos de dificultades e, incluso, de peligros (a los protestantes no les hacían gracia los católicos).

"Su memoria forma parte del patrimonio espiritual del catolicismo norteamericano. Dejó en este país una estela luminosa", dijo de el alguna vez monseñor Raúl del Valle. De no ser por él, y por hombres lejanamente parecidos a él, la Iglesia Católica no se hubiera extendido en esta nación.

En la Iglesia del Cristo, que así se llamaba aquel primer templo para el que le habían nombrado párroco y que él había tenido que arreglar por sus malas condiciones materiales, el sacerdote trabajo nueve años. Su celo, dedicación, devoción y su caridad sin límites con los pobres le fueron ganando el cariño de la feligresía que llegó a crecer tanto, que, con la ayuda de un amigo suyo americano de origen suizo, John Delamonico, pudo comprar el edificio de la que fuera Iglesia Reformada Holandesa, y convertirla en un templo catílico, la Iglesia de la Transfiguración.

En 1840 la Iglesia de la Transfiguración era la parroquia más amplia de Nueva York y centro espiritual para los inmigrantes irlandeses, atendidos por el párroco, Varela, y siete sacerdotes de distintas nacionalidades. Creó una escuela gratuita para niñas y otra para niños (de 9 a.m. a 3 p.m.) y otra escuela para la doctrina cristiana que funcionaba diariamente de 6 a 8 de la noche. Estableció musica sacra para exaltar el sentimiento religioso y organizaba conciertos para recaudar fondos para su obra, aparte de organizar a un grupo de mujeres que cosían ropa para los pobres.

Fue designado vicario general de la Diócesis de Nueva York; era el editor del periódico católico New York Catholic Register y el creador de la Asociación Católica de Nueva York para la Temperancia (siempre luchó por los enfermos de alcoholismo) y poco después del Cuarto Concilio Provincial de Baltimore.

Para relatar la extensa lista de las obras del padre Félix Varela sería necesario un libro. Se han escrito varios. El más completo, según expresó monseñor Raul del Valle, es "Felix Varela, Torch Bearer from Cuba" , del matrimonio Joseph y Helen McCadden. Por su parte, monseñor Del Valle escribió de este santo sacerdote:

"En sus ideas filosóficas y políticas, en su pensamiento teológico y social, y en sus métodos de apostolado, el padre Varela fue un genuino precursor del movimiento de renovación católica del siglo XX que culminó felizmente en el Concilio Vaticano II, y en el movimiento ecuménico que anima a la Iglesia de nuestros días".

Félix Varela había nacido en La Habana, hijo y nieto de españoles (su abuelo fue gobernador de San Agustín, Florida), estudió en el Colegio Seminario de San Carlos y San Ambrosio, ordenándose como sacerdote en 1811. El obispo Espada lo nombró profesor de Filosofia del seminario y desde allí comenzó a formar la nacionalidad cubana, enseñando a sus estudiantes a pensar como cubanos, y no como españoles.

Creía en el movimiento reformista, que luchaba por una mayor autonomía para Cuba, sin dejar de ser colonia española. En 1821, durante una época de cierta apertura en España, fue elegido diputado para representar a Cuba en las cortes españolas.

Pensador inteligente, pronto se dio cuenta en Madrid de que su sueño era una utopía y sólo la independencia total de Cuba sería efectiva.

Al volver el absolutismo, fue condenado a muerte en 1823. Logró huir a través de Gibraltar y embarcar hacia Nueva York desde donde viajó a Filadelfia. Allí fundó "El Habanero", el primer periódico escrito en lengua española en Estados Unidos, en el cual defendía la independencia de Cuba.

Seis meses más tarde volvió a Nueva York y continuó su publicación que, además de circular entre los cubanos de la ciudad, era introducido clandestinamente en Cuba.

En Nueva York escribió extensamente en inglés y en español pero sus principales objetivos fueron ayudar material y espiritualmente a los necesitados y fortalecer la fe católica hasta que ya, muy delicado de salud, se retiró a San Agustín, Fla., en donde continuó su labor pastoral hasta que, gravemente enfermo y muy pobre, falleció el 18 de febrero de 1853.

El Servicio Postal de Estados Unidos honró la memoria del padre Varela en 1997 con la emisión de un selllo que lleva su efigie.

La Santa Sede lo declaró Siervo de Dios, por haber muerto en Olor de Santidad. Requiere un milagro para beatificarlo y otro para ser declarado santo. Monseñor Octavilo Cisneros, rector de un seminario de la Diócesis de Brooklyn, N.Y., ha sido designado para promover la canonización del padre Félix Varela.





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